
Las primeras composiciones de Albéniz fueron docenas de trabajos para piano, tres zarzuelas, siete romanzas y el Álbum Bécquer (inspirado en las rimas de Gustavo Adolfo Bécquer). La reputación de Albéniz como pianista y compositor siguió creciendo. En la primavera de 1889 viajó a París, donde interpretó Concierto para piano, op. 78. Después de esto, Albéniz se trasladó junto a su familia a Londres donde trabajó en el Teatro Lírico y más tarde en el Teatro Príncipe de Gales. Allí compuso El Ópalo Mágico, una comedia lírica que fue estrenada en Enero de 1893.
Al término de sus contratos en Inglaterra fue el poeta y mecenas Francis Burdett Money-Coutts, quien sirvió de soporte financiero al compositor español. De esta forma, Albéniz pudo vivir confortablemente el resto de su vida. Durante aproximadamente una década, Albéniz dedicó todo su talento y energía a la creación y producción de obras como, Pepita Jiménez, Merlín y King Arthur.
Desde 1898 hasta 1900 enseñó piano avanzado en la Schola Cantorum de París, pero por problemas de salud regresó al cálido clima español. Pero nadie es profeta en su tierra, y Albéniz no fue una excepción, ya que, su música no era del agrado del público español. Por este motivo regresó a París, donde creció su interés por las formas musicales más largas, lo que produjo un cambio en su estilo composicional, desde lo básicamente ligero, hacia un arte más complejo. De este periodo nos vienen las canciones Crépuscule, Tristesse, The Gifts of the Gods y The Caterpillar.
Albéniz volvió al piano y a su nativo paisaje de inspiración, presagiando su posterior estilo, que floreció con su obra maestra Iberia (1905-1908). La textura de la composición y el lenguaje que define Iberia son característicos de Quatre mélodies, último trabajo vocal y últimas piezas completas de Albéniz. Poco después de terminar estas obras, Albéniz murió en Cambo-les-Bains en los Pirineos Franceses el 18 de mayo de 1909, dejando incompleta la obra Azulejos, que terminó su gran amigo Enrique Granados a petición de Rosina, esposa de Isaac Albéniz. Granados terminó la obra de forma impecable, tanto que resulta muy difícil distinguir donde acaba Albéniz y donde empieza Granados.
También hay que destacar dos obras para piano compuestas previamente a la Suite Iberia, que son la Suite española I y la Suite española II, así como diferentes obras orquestales, como son La Alhambra o Guajira.
En el vídeo que presento a continuación podemos disfrutar de la séptima pieza de la Suite Iberia, titulada El Albaicín.